¿Por qué es importante estudiar despacio?

metrónomo mecánico

Seguro que alguna vez te han recomendado estudiar despacio pero ¿Qué sentido tiene esto para un músico? La práctica lenta a veces puede resultar demasiado “fácil” y rápidamente tendemos a subir la velocidad ya sea por impaciencia, por exceso de confianza o por desconocimiento. Si te encuentras en esta situación has de ser paciente y no dejarte llevar por la autocrítica o la prisa. Simplemente estás aprendiendo. En este artículo vamos a detenernos en descifrar qué es eso de estudiar lento y en cómo estudiar con sentido.

Aprender algunos acordes suele resultar fácil, pero conforme se realizan los verdaderos progresos, inesperadamente, todo parece ir más despacio.

Estudiar lento para tocar rápido ¿Tiene sentido?

Tocar despacio nos permite desarrollar varios aspectos muy importantes para nuestra ejecución y rendimiento musical: la técnica, la precisión, la consistencia y la consciencia.

Cuando estudiamos lento somos capaces de asegurar que cada dedo caiga en su lugar, es decir, tocar con precisión. Estudiando despacio podemos asegurarnos de que hacemos los movimientos de manera correcta desarrollando una dinámica sin errores. La precisión va a facilitar que nuestra técnica sea limpia. A una velocidad lenta, podemos tocar la música conforme queremos que suene, cuidando que ninguna pulsación caiga antes o después de lo que debe facilitando una coordinación adecuada.

Estudiar despacio como estrategia de aprendizaje

A su vez, estudiar lento como estrategia de aprendizaje, facilita el desarrollo de la consistencia, es decir, que podamos mantener la técnica y la precisión durante el mayor tiempo posible, sin cometer errores. Y por último, y no menos importante, es aprender a estudiar consciente. Respirar correctamente aporta oxígeno a los músculos involucrados en el movimiento, y ser consciente de ello permite interiorizarlo y crear un hábito adecuado. Esto nos facilita que podamos tocar con nuestros músculos relajados, sin tensión y que podamos realizar movimientos con el menor esfuerzo posible, y así incluso, evitar lesiones por sobretensión. Nos permite monitorizar nuestra ejecución prestando atención a cada detalle aunque pueda parecer poco relevante. Este estudio  de manera consciente, va a repercutir en nuestra calidad de aprendizaje y retención.

Al estudiar de esta manera, estamos sembrando hábitos y modos de ejecución, que vamos a interiorizar con nuestra práctica día a día. Estos hábitos al principio serán procesos controlados que haremos de manera consciente.  Una vez interiorizados, pasarán a ser procesos automáticos formando parte de nuestro repertorio habitual, dejando libres recursos atencionales para otros aprendizajes, mientras que la técnica, precisión, y consistencia que hemos adquirido durante nuestro estudio “lento”, se mantendrán intactas cuando subamos la velocidad de nuestro metrónomo.

¿Qué ocurre si he desarrollado un hábito inadecuado?

Al principio estudiar despacio nos puede generar la sensación de estar perdiendo el tiempo. Pero cuando nos precipitamos e incrementamos la velocidad sin estar mentalmente ni muscularmente preparados, tenemos más probabilidad de cometer errores, de descuidar nuestra postura, y lo peor de todo es que, de una manera u otra, siempre estamos desarrollando hábitos, y corremos el riesgo de interiorizar hábitos inadecuados y perjudiciales.

Muchas veces nos damos cuenta de que nuestra ejecución no es adecuada, cuando realizamos movimientos que no son eficientes, y que no nos permiten llegar a la velocidad objetivo. Es en ese momento cuando nos proponemos corregirlo. Si esto ocurre, la tarea será doblemente difícil, ya que por un lado, tendremos de desaprender lo aprendido, y por otro, lidiar con la interferencia que el mal hábito generará con el nuevo aprendizaje.

¿Qué hacemos con nuestra impaciencia “ya me sale, quiero tocar más rápido”?

Resistirnos, no dejarnos llevar por nuestra inquietud, y hacer lo que el momento requiere de nosotros para afianzar un aprendizaje de calidad.

Debemos permitir que nuestro cuerpo interiorice y aprenda los movimientos hasta que los pueda realizar sin esfuerzo. De esta manera facilitamos a la parte del cerebro encargada de procesar la información que vaya al mismo ritmo que la parte encargada de la motricidad, de manera que cognición y motricidad puedan ir de la mano sincronizadas.

Como bien dijo Gabriel Rosales, “la evolución y progreso empiezan por un estado mental. Estudiar disfrutando, disfrutar estudiando…”.

REFERENCIAS

Rosales, G. (2011). Cábalas con la Guitarra. El secreto del arte de tocar. Fundación autor.

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